Había una vez, en un pueblo, dos hombres que se llamaban Joaquín González. Uno era sacerdote y el otro era taxista. Quiere el destino que los dos mueran el mismo día. Entonces, llegan al cielo, donde les espera San Pedro.
¿Tu nombre? – pregunta San Pedro al primero. Joaquín González. ¿El sacerdote?. – No, no, el taxista.
San Pedro consulta su planilla y dice: Bueno, te has ganado el Paraiso. Te corresponden esta túnica con hilos de oro y esta vara de platino con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar.
- Gracias, gracias ….. -dice el taxista.
Pasan dos o tres personas más, hasta que le toca el turno al otro Joaquín González.
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